• timurland
    Laplandia Rusa – Viajes a Rusia
    beatrizhoteles
    fuengirola-mijas
    Tour Entre Europa y Asia
    agrupaciomutua-2
    Jooble
    spainkompromat.ucoz
    Fuengirola Mijas
    Talleres Takris
    centroruso
    Diosa Rusa Costa del Sol wordpress
    AAabogados
    24pchelp
    rusiahoy
    centro ruso
    club-caza
    photonikitenko
    MEYER AESTHETIC

La Momia olvidada

PDF Imprimir Correo electrónico

La Momia olvidadaHacer una visita al padre de la revolución rusa puede resultar demasiado ceremonioso, algo místico y casi religioso. El mausoleo de Vladímir Ilich Uliánov, Lenin, junto a los muros del Kremlin, en la plaza Roja de Moscú, ha estado cerrado al público este año 2013 para proceder a una restauración del pequeño edificio.

Desde su reapertura, el 30 de abril, hay que hacer una cola formal allá donde comienza a ascender la suave loma, justo bajo los cascos del caballo del mariscal Zhúkov y al lado de la verja del parque de Alejandro. No se permite entrar con cámaras de fotos, de vídeo o teléfonos móviles, y los soldados no dejan que los visitantes se abalancen a la carrera para llegar los primeros, pero tampoco que se paren. Todo requiere su tiempo y su liturgia. Pasan los turistas en grupos pequeños. Sólo durante tres horas al día, cinco días a la semana. Una vez dentro del mausoleo, los guardias, en tono de ordeno y mando, piden descubrirse la cabeza, sacar las manos de los bolsillos y hablar en susurros. El cuerpo embalsamado de Lenin, la momia moderna más famosa del mundo, necesita descanso.

Pero en el exterior, “aunque no es un tema actual que preocupe a la sociedad rusa”, dice al Magazine Serguéi Abújov, diputado del Partido Comunista de Rusia, algunas voces se empeñan en molestarla. Hace dos años causó un gran revuelo que un diputado del partido gubernamental Rusia Unida abogase abiertamente por sacar a Lenin de su casa eterna (donde ha estado 89 años) y darle sepultura bajo tierra. “Es de sobras conocido que el mismo Lenin no pensaba levantarse ningún mausoleo, y sus parientes vivos (hermana, hermano y esposa) estaban totalmente en contra. Le querían enterrar en San Petersburgo junto a su madre”, escribió Vladímir Medinski en la página web del partido. “Pero a los comunistas les importaban poco los deseos de su propio líder y de sus parientes. Necesitaban crear el culto que sustituyese la religión y hacer de Lenin un sustituto de Cristo. Nada de eso tuvo éxito. Hay que terminar con esta perversión”.

El año pasado, poco después de ser nombrado ministro de Cultura, Medinski insistió en su posición. Pero desde la dirección del partido han negado siempre tener nada que ver con la iniciativa del político. Siguiendo la posición del presidente ruso, Vladímir Putin, sostienen que la cuestión de Lenin no es para hoy.

La historia del mausoleo de la plaza Roja de Moscú comenzó poco después de la muerte de Lenin, ocurrida el 21 de enero de 1924. Durante el comunismo se difundió la suposición de que embalsamar al primer dirigente de la URSS fue una idea que nació del pueblo, inspirada en cartas recibidas de trabajadores y desde las filas del partido.

Oficialmente, el impulsor de la idea fue Mijaíl Kalinin. Pero la mayoría de los historiadores modernos cree que en realidad el verdadero inspirador fue el nuevo líder, Iósif Stalin, con la idea de hacer del padre de la revolución de Octubre un nuevo dios y, como consecuencia, fortalecer su propio poder identificándose con un nuevo zar. Según el politólogo Dimitri Oreshkin, “los bolcheviques formaron deliberadamente un culto pagano en el que la fuente de la fe y el objeto de culto eran los restos divinizados de la momia. El sumo sacerdote era el secretario general del partido”.

Igual que Medinski hoy, dentro del poder de la época también se levantaron algunas voces incomprendidas contra esta idea. Fueron las de Lev Trotski, que se refirió a estos planes como “una locura”, y Nikolái Bujarin, que en una carta privada escribió: “Hemos sustituido el catecismo por el abecé del comunismo. La ley de Dios es la instrucción política. En lugar de iconos, ahora colgamos líderes. Intentamos abrir el cerebro de Ílich a las clases bajas y a la masa comunista. ¡País estúpido!”. Con el tiempo, ambos se convirtieron en enemigos de Stalin, y la historia ya sabe lo que sucedió con ellos.

El 30 de enero de 1924, cuando la idea de Stalin-Kalinin ya estaba en marcha, Nadezhda Krúpskaya, la esposa de Lenin, publicó una carta en el periódico Pravda: “Tengo una petición que hacerles: no dejen que el dolor por Ílich se convierta en culto a su personalidad. No le construyan monumentos, palacios en su nombre ni hagan magníficas celebraciones en su memoria. Durante su vida, él prestaba poca atención a estas cosas, todo eso le agobiaba”. Krúpskaya quería que fuera enterrado junto a sus dos hermanas y su madre en el cementerio Vólkovo de San Petersburgo.

Para el comunista Abújov, hablar hoy del mausoleo forma parte únicamente de una estrategia “para distraer la atención sobre asuntos que realmente preocupan a la sociedad, como los bajos salarios, la educación o la medicina”. Para este diputado, la prueba es que ni a la dirección de Rusia Unida ni al Kremlin les interesa plantear este asunto. “Para ellos también es un personaje fundamental, ya que Lenin también es un símbolo del actual Estado ruso. Lenin es el padre fundador de la Federación Rusa. Esta es la sucesora de la República Socialista Federativa Soviética de Rusia, que formó Lenin el 7 de noviembre de 1917”, día de la revolución. “Es decir, que la Rusia de hoy no toma el relevo ni de la Rusia zarista ni del Gobierno interino, sino de este organismo que fundó Lenin. También es lo que da legitimidad a la política exterior del país: Rusia heredó el puesto de la URSS en la ONU y en el Consejo de Seguridad, y así en muchos otros foros”.

Desde que llegó al poder, hace 13 años, el actual jefe del Kremlin, Vladímir Putin, se ha referido en contadas ocasiones al cuerpo de Lenin. Su postura es un eco de la posición de la sociedad rusa, que hoy por hoy se ha olvidado de la momia. “Todo a su tiempo.

Llegará el momento adecuado, y el pueblo ruso decidirá qué hacer. La historia es una de esas cosas que no necesitan alborotos”, dijo Putin en el 2010. En diciembre del 2012, comparó el cuerpo embalsamado de Lenin con las reliquias religiosas y dijo que formaba parte de las tradiciones rusas, con lo que zanjó cualquier discusión sobre este asunto. En los inestables años noventa, Borís Yeltsin tampoco quiso abrir la caja de Pandora.

Despertar a la momia podría traer maldiciones políticas a las que desde el fin de la URSS nadie en el poder se quiere enfrentar. “Creo que ya no hay un consenso en la sociedad rusa sobre Lenin. Tras la disolución de la Unión Soviética se hicieron públicos numerosos datos nuevos sobre Lenin y sus camaradas que hicieron que para una buena parte de la población dejara de ser una figura histórica inequívocamente positiva”, opina el politólogo Serguéi Mijéyev. “El culto universal que existía sobre Lenin durante el comunismo hoy prácticamente está roto”.

Para historiadores y estudiosos, ni la momia de Lenin ni la figura del jefe bolchevique despiertan hoy gran interés. “Difícilmente la personalidad de Lenin preocupa en este momento a gran número de ciudadanos rusos. Es más bien un símbolo de la revolución para los comunistas y para los ciudadanos de izquierdas. En cuanto a popularidad, es bastante inferior a Stalin como fundador de una gran potencia que tenía la base en unos ideales de justicia social”, explica al Magazine Andréi Fúrsov, director
del Centro de Estudios Rusos de la Universidad de Humanidades de Moscú.

Si al descomponerse la URSS, en 1991, la aceptación de Stalin estaba por los suelos (un 12%, según los sociólogos), hoy sobrepasa con mucho a destacados personajes de la historia rusa, como el zar Pedro el Grande, el escritor Alexánder Pushkin o el mismo Lenin. Un 49% le tenía por el más importante el año pasado.

“El Kremlin hace propaganda de Stalin porque representa mano dura, un poder autoritario y un gran imperio, mientras que Lenin era un revolucionario, y a nuestro poder (que es de derechas y capitalista) no le gustan los revolucionarios”, sostiene el político opositor Vladímir Rizhkov, uno de los líderes de la oposición no oficial, que en el 2012 organizó las mayores protestas contra Putin.

Es de similar opinión Lilia Shevtsova, que dirige el programa sobre Instituciones Políticas y Política Interna de Rusia en el Centro Carnegie de Moscú. “Lenin y el mausoleo preocupan a una parte muy pequeña y tradicional de la población. No sería más de un 15% y coincidiría con la base del voto del Partido Comunista. Y en realidad, a ellos sólo les interesaría este asunto si se decide sacar a Lenin del mausoleo y si respecto a esto se lanza una fuerte campaña de propaganda por televisión. Pero si esto no sucede, no influye en sus vidas”, responde Shevtsova. Lenin era actual, apunta, en los años cincuenta y sesenta, tras la desaparición de Stalin. Hoy la momia está prácticamente olvidada. “Para muchos ha quedado como un artefacto curioso de la historia, y podrían estar en contra de que se enterrase el cuerpo sencillamente porque les parece una buena atracción turística”, añade Mijéiev.

Según la prensa soviética, en los años cuarenta del siglo pasado visitaban al líder bolchevique en su descanso un millón de personas cada año. Hoy las cifras son insignificantes. En diciembre del 2012, el Centro Levada sobre opinión pública llevó a cabo una nueva encuesta para saber qué opinan los rusos sobre Lenin y sobre el posible cierre del mausoleo. Un 53% se mostró a favor de que se enterrasen los restos del líder bolchevique. Según los estudiosos, buena parte de esta opinión la comparten quienes consideran a Lenin el destructor del imperio ruso, los creyentes ortodoxos y los partidarios de la llamada “Rusia histórica”.

En la misma encuesta, un 25% estaba en contra de sacar el cuerpo de Lenin del mausoleo. El mismo estudio aporta un dato contradictorio, ya que sólo un 14% cree que habría que llevarse el mausoleo de la plaza Roja, mientras que un 52% es partidario de dejarlo donde está.

La presencia del cuerpo embalsamado de Lenin en la plaza Roja tampoco gusta a la jerarquía ortodoxa rusa, aunque no ha hecho mucho ruido. El historiador Vladlén Lóguinov, autor del libro Neizvestni Lenin (Lenin desconocido), reveló que esa cuestión se resolvió en la época de Brezhnev. Durante otra restauración del mausoleo, se consultó con la Iglesia ortodoxa rusa sobre la forma más apropiada de guardar los restos de Lenin. Esta señaló que lo más importante es que se encuentren por debajo del nivel de la tierra. Así que se excavó para que el edificio quedase más hundido que antes.

El cambio generacional ha condicionado la opinión de la sociedad, sostiene el político Rizhkov, historiador y profesor universitario de la Escuela Superior de Economía. “Los jóvenes saben poco de la figura de Lenin. Ya no recuerdan la URSS ni la ideología soviética, cuyo centro era Lenin. Para ellos, Lenin se ha trasladado a la periferia.”, explica en una conversación telefónica.

Para guardar el cuerpo de Lenin se construyeron en total tres mausoleos, dos provisionales de madera y el actual de mármol, levantado entre 1929 y 1930 por el arquitecto Alexéi Shúsev. El sarcófago es obra de Konstantín Mélnikov.

Igual que los futuros embalsamamientos de líderes de todo el mundo, incluido el del último líder norcoreano, Kim Jong Il, fallecido en diciembre de 2011, y el anuncio en 2013 sobre los restos del venezolano Hugo Chávez, el de Lenin también tuvo motivaciones políticas. Para esa delicada misión, los líderes bolcheviques encargaron el trabajo al bioquímico Borís Zbarski, formado en la Universidad de Ginebra (Suiza), y al jefe de Anatomía de la Universidad de Járkov, Vladímir Vorobiov, que había desarrollado un ungüento maravilloso. A ellos se unió un científico de la Universidad Estatal de Moscú, el profesor Piotr Karuzin. Con esa solución química desaparecieron las marcas de la edad. Se le cosieron los labios y se rellenaron los ojos. Tras la transformación, Vladímir Ílich parecía dormido y nada tenía que ver con las últimas imágenes de un hombre enfermo, medio paralizado y postrado en una silla de ruedas.

Además, se le extrajo el cerebro, que se llevó a otro laboratorio, donde durante décadas se intentó descubrir el secreto de su genio. Años después se incorporaría al equipo del mausoleo el hijo de Borís Zbarski, Iliá, que cuidó de Lenin hasta que su padre cayó en desgracia en 1952, al ser incluido en el caso de las batas blancas, y la muerte de este en 1954. En una conversación con este corresponsal en el año 2006, Iliá Zbarski, hoy fallecido, describió el compuesto utilizado: “Vorobiov utilizó una técnica que había obtenido varias décadas antes y que tenía la virtud de mantener el color de la piel. Se basaba en varios compuestos como la glicerina y un vinagre disuelto en oxígeno y potasio”.

Para cuidar y mantener el cuerpo de Lenin se creó un organismo, que hoy se llama Instituto de Investigación Científica Hierbas Medicinales y Aromáticas, que actualmente preside Valeri Bíkov. El organismo es absolutamente hermético a la prensa, y dentro de sus instituciones la conservación de Lenin se trata como un asunto de Estado. El olvido de la momia puede ir para largo porque, según Iliá Zbarski, con la experiencia acumulada, el sueño de Lenin puede durar cien años.

No se puede decir que el cuerpo embalsamado de Lenin haya tenido una vida tranquila. Antes de convertirse en lo que hoy es, el 30 de agosto de 1918, una activista social-revolucionaria desilusionada con la revolución y con su líder, Fanni Kaplán, intentó asesinar al jefe bolchevique tras un discurso en una fábrica de armamento de Moscú. Lenin sobrevivió, aunque las balas que nunca se pudieron extraer podrían estar en el origen de las posteriores embolias y de su muerte. Kaplán fue fusilada, y la Cheka inició una campaña contra los miembros del Partido Social-Revolucionario que terminó con más de 800 ejecuciones.

Además de este intento de asesinato, otros atentados no dejaron descansar su cuerpo embalsamado en varias ocasiones. En 1967 y 1973 hubo dos intentos de volar el mausoleo, en los que murieron varias personas, incluidos los asaltantes. Otros seis ciudadanos soviéticos expresaron violentamente su oposición al culto a Lenin o su desencanto con el régimen comunista. Los medios de comunicación no publicaron nada sobre estos incidentes. Algunos, sin embargo, son conocidos. Como el caso del granjero Mitrofane Nikitin, que en 1934 intentó disparar a la momia con una pistola como protesta por la hambruna de esos años. Los guardias se lo impidieron, y él se suicidó allí mismo. En 1959, un hombre arrojó un martillo contra el sarcófago, causando algún daño. Un año después, un tal Mijáilov hirió en la cara al Lenin muerto de un disparo que atravesó el cristal. En 1971 se instaló un cristal a prueba de balas en el sarcófago.

La única vez que el cuerpo embalsamado de Lenin no ocupó su alcoba en la plaza Roja fue durante la Segunda Guerra Mundial, cuando las tropas nazis se acercaban a Moscú. El 3 de julio de 1941 se metió a la momia en un cajón de madera y se la trasladó en secreto hasta Tiumen, en Siberia. Vorobiov había muerto en 1937, así que durante el viaje y su estancia cuidaron de él los dos Zbarski, padre e hijo, y la guardia del mausoleo de Moscú. En Tiumen, el cuerpo de Lenin permaneció 1.360 días, hasta 1944. Desde entonces, ha dormido siempre en Moscú.

 
  • marbellaenergia
    diariosur
    malaga-boom
    Modulares de diseño
    Piedad de Diego
    Marbella Malaga Traducciones Gestoria
    Tour Entre Europa y Asia Linia MalagaRusa Cabopino Centro Fortuna Garciaga Logo Hits Mobile Meyera Esthetic

    arqui3

    znaqui tricosol bike2malaga hotel-florida bioparc fuengirola hits mobile hits mobile agrupaciomutua Bestintegral Consulting facua
    befreemovil intercopy
    taigaspain
    clubbingspain
    fac
Hoy8
Ayer39
Esta semana47
Este mes663
En total165113