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Un cálido recuerdo del frío siberiano

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SOBRE NOSOTROS

Un cálido recuerdo del frío siberiano

Este es un breve relato de las maravillosas experiencias que nosotros, un grupo de amigos de la Costa del Sol, vivimos en nuestro viaje a Siberia, gracias a la sociedad de amistad hispano-rusa “TAIGA”,  de la que somos miembros fundadores.

Todo empezó cuando, invitados por un amigo residente en la ciudad de Kiselevsk, decidimos pasar una semana de vacaciones en la Región de Kemerovo, coincidiendo con el fin de las navidades ortodoxas. Era la primera vez que íbamos a sentir en nuestros cuerpos las temperaturas extremas que ni siquiera alcanzan los congeladores de nuestras casas!

Nuestra primera preocupación fue ver a nuestro amigo Andrei de Moscú, que vive desde hace años en España, decirnos que, con nuestras chaquetas y pantalones de ski “no duraríamos vivos ni 5 minutos en los bosques de Siberia”. Al final descubrimos que quería reírse un poco de nosotros aunque  -48ºC no es una temperatura de chiste!

El día del viaje, después de un transbordo en Moscú, aterrizamos en el aeropuerto y, tras un viaje en taxi a través de los paisajes nevados de Kemerovo, llegamos al hotel “Cristal Luxe”, un pequeño y elegante edificio de Kiselevsk que sería nuestra “base de operaciones” durante una semana. Tras establecernos en este acogedor hotel, dimos un paseo por el centro de la ciudad.

A pesar del frío y de la cantidad de nieve que se acumulaba por todas partes, nos gustó mucho la imagen invernal de tranquilidad de sus parques, donde incluso pudimos disfrutar deslizándonos por un tobogán fabricado de nieve donde unos niños jugaban sin importarles las temperaturas que a nosotros nos hacían ir enfundados en tres capas de ropa!

Al día siguiente, una vez adaptados y superado el “jet lag”, nos dirigimos a visitar a nuestro anfitrión. El lugar donde vive es una preciosa “dacha”, una casa de madera espaciosa y confortable a las afueras de la ciudad, rodeada de bosques de coníferas y a orillas de un lago. Bueno, en realidad el lago no lo vimos porque en esta época del año se encuentra bajo dos metros de hielo… La naturaleza de esta parte de Rusia es algo magnífico, impresionante. Te cautiva por su estado puro y salvaje. Los inmensos árboles, lagos y ríos cubiertos de inmaculada nieve producen la sensación de libertad y una alegría casi infantil. Me imagino que debe estar igual bonito en verano, hundido en el esplendor de los tonos verdes…

Nuestro amigo nos esperaba con una magnífica sorpresa: ¡excursión en moto de nieve! Tras saludarnos e intercambiar regalos traídos de España (buen aceite de oliva y estupendos vinos de Rioja y Ribera) nos enfundamos los monos térmicos de cuero y salimos al bosque en cinco rugientes motos de nieve. ¡Ahí empezó la diversión! No recuerdo las horas que estuvimos perdidos por los bosques ni las veces que volcamos y nos caímos sobre la blanda capa de nieve, pero la sensación de pilotar estas motos por los maravillosos paisajes nevados de Siberia fue tremenda e inolvidable.

Al volver de la excursión nos esperaba una sabrosa cena a base de productos típicos de la zona y una jugosa pata de jabalí al horno que devoramos acompañada de buenos vinos españoles y, cómo no, bastantes botellas de vodka Beluga. La velada se prolongó hasta altas horas de la noche con muy buen ambiente hasta que el cansancio nos llevó a la cama.

Nos levantamos bastante descansados y tomamos un desayuno a base de café y unas deliciosas crepes saladas con queso y jamón. Después nos preparamos para salir a la calle con nuestro equipamiento habitual de personas poco acostumbradas al frío: camisetas térmicas, jerséis, abrigos, pantalones de ski, calcetines térmicos y botas de après-ski, guantes, pasamontañas y gorros de lana. Con éste equipamiento pasábamos incluso algo de calor!

El plan del día consistía en una visita a la cercana ciudad de Novokuznetsk. Esta ciudad, de aproximadamente 500.000 habitantes, es uno de los principales centros industriales de esta parte de Siberia. Está muy bien comunicada y tiene un aspecto bastante moderno y cosmopolita.

A la entrada de la ciudad visitamos uno de los principales centros metalúrgicos del país, la KMK, lugar donde se fabricaron la mayoría de los famosos tanques rusos T-34 que fueron pieza clave en la victoria rusa y aliada en la 2ª Guerra Mundial. A la entrada de este grandísimo complejo industrial arde una llama eterna en recuerdo de los caídos al servicio de la patria en la contienda mundial.

Después de la visita, tomamos fuerza comiendo en una pizzería de un moderno centro comercial y rematamos el día en el “3 tolstyaka”, uno de los mejores clubs de Novokuznetsk, donde, tras una buena cena a base de carnes a la parrilla en el restaurante que hay en la segunda planta, bajamos luego a bailar y tomar unas copas en la discoteca de la planta principal.

Después de descansar y reponer fuerzas sin importarnos mucho la hora de levantarnos (¡estábamos de vacaciones!), Renat, nuestro chofer y guía en este viaje, un tipo realmente simpático y jovial con el que trabamos una buena amistad, nos llevó de visita al centro de extracción minera, una vasta mina a cielo abierto donde se extrae el carbón que es la base principal de la economía del Kuzbass, la cuenca minera principal de Siberia. Fue  impresionante poder fotografiarnos junto a los mastodónticos camiones BELAZ, que transportan el carbón desde las vetas de extracción hasta las fábricas donde éste se procesa y prepara para su posterior venta. Estuvimos todo el día de visita hasta que Renat nos recogió por la tarde. Camino del hotel nos dio a probar un licor de hierbas que él mismo destila en casa, y que hace que el vodka parezca zumo para niños! Nos regaló una botella puesto que era el cumpleaños de uno de los miembros del viaje.

Nuestro último día de vacaciones, 19 de enero, es el día en el que los rusos celebran la Epifanía ortodoxa a lo largo de todo el país según el viejo calendario juliano por el que todavía se rige la Iglesia ortodoxa rusa. Tras visitar la bellísima iglesia de Kiselevsk, nos trasladamos a casa de nuestro anfitrión, a orillas del lago, donde un pope, o sacerdote ortodoxo, había bendecido las aguas que afloraban en un orificio en forma de cruz abierto en el hielo.

Es difícil pensar en bañarte en el agua helada de un lago, muy difícil decidirte cuando su temperatura ambiente es de -48ºC, y de valientes hacerlo cuando acabas de llegar de tu lugar de residencia, Marbella, donde el agua del mar  ¡nunca baja de 18ºC!, pero lo hicimos. Tras sumergirnos 3 veces nos llevaron hasta una sauna, o “bania”, donde entramos de nuevo en calor mientras recibíamos masajes relajantes, siendo azotados con ramas de roble!

En definitiva, un maravilloso viaje, espectacular por sí mismo, pero mucho más todavía para personas como nosotros cuyo primer contacto con estas frías tierras ha sido tan gratificante.

 
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